La historia de mi vecino Antonio

Lo que más me impresionó de la historia de Antonio fue la tranquilidad con la que la contaba. Pas...

Lo que más me impresionó de la historia de Antonio fue la tranquilidad con la que la contaba. Pasaba muchas tardes en su casa, tomando té y comiendo su bizcocho de canela, mientras él me contaba su vida. La contaba con tanta tranquilidad que tardé en darme cuenta de que su historia realmente no era suya, que todo lo que había hecho en su vida lo había hecho para otras personas. No había realizado ninguno de sus sueños porque siempre había alguien que necesitaba su atención, su cariño o su cuidado. Me resultó tan curioso que pasaba aún más tardes tomando té y bizcocho de canela, intentando comprender cómo una persona podría hablar con tanta tranquilidad de una vida que nunca le había pertenecido.

Antonio, cuya belleza y ternura eran la envidia de todos sus amigos, dejó su  pueblo natal con 18 años para estudiar psicología en Granada. Fue en el 2000, un detalle que le gustaba resaltar porque, en aquel entonces, el hecho de que comenzara un nuevo siglo justo cuando él había empezado su nueva vida le pareció muy significativo. Tardó un año en sentirse cómodo en la nueva ciudad ya que era un chico muy prudente y no se relacionaba fácilmente con los demás.

Compartía piso con tres chicos más y se entendían tan bien entre ellos que preferían quedarse en casa, sentados en el brasero y hablar de sus cosas. Algunas veces salían y Antonio se tomaba unas cuantas cervezas, pero el ambiente de la noche le daba miedo. Había escuchado muchas historias sobre mujeres que se aprovechaban de la inocencia de los chicos como él y que sólo buscaban sexo fácil. Él había hecho el amor por primera vez con su novia que estaba estudiando en otra ciudad. Era un poco mayor que él y le había animado mucho a que estudiara él también. Era su primer amor y no se podía imaginar una vida sin ella. No le interesaba conocer otras chicas porque estaba muy feliz con ella. De hecho se pasó el primer año estudiando y contando los días que faltaban para reunirse con su amor.

Luego llegó la época de la experimentación. Conoció a una gente en la facultad que andaba liada en actividades de voluntariado y le enseñaron lo bonito que era darse a los demás. Siempre repetía que en aquellos años creció mucho como persona. Fue entonces cuando empezó a soñar que algún día iba a ir como cooperante a un país del tercer mundo –siempre se imaginaba América Latina- para vivir con la gente sencilla y aplicar sus conocimientos donde realmente hacían falta. Era el primero de los sueños de Antonio que se quedó tanto tiempo en la sala de espera de su vida que terminó por olvidarlo. 

Justo cuando se iba a presentar a una entrevista en la Agencia Española de Cooperación entró Lucía en su vida. Fue en el último año de la carrera y literalmente entró en su vida por la puerta del aula en la que estaba Antonio sentado,  esperando recibir clases de una profesora nueva que había llegado a Granada recientemente. Algunos ya habían comentado su atractivo y su fama de ser una excelente profesional y Antonio se enamoró de ella a primera vista. Cuando comprendió que ella también se había fijado en él no cabía en sí de felicidad.


Claro que aquello armó un poco de revuelo en la facultad, pero Antonio siempre lo achacaba a la envidia de sus compañeros porque Lucía le había elegido a él como su confidente y su compañero, y no a ellos. Al principio le preocupaba la diferencia de edad, ya que Lucía era 15 años mayor que él, pero conforme la relación seguía adelante, se disipaban sus dudas. Cuando estaba acostado en sus brazos, se sentía tan seguro, tan protegido por su amor por él, que supo que aquello tenía que ser para toda la vida. Su familia estaba muy contenta de que hubiera conseguido una novia con tanto prestigio y su madre se pasaba el día contándoles a sus vecinas los méritos que iba ganando la novia de su hijo, que era una profesora de la universidad.

Al terminar su carrera, Lucía le propuso a Antonio vivir con ella y aunque a él le parecía un poco precipitado, entendió que para ella era algo importante. Tenía ya 33 años, se había cansado de la vida que llevaba como soltera de oro y buscaba algo de estabilidad emocional. Antonio se sentía halagado por la oferta de Lucía y no había nada con lo que disfrutara tanto como con ser su compañero. Empezaba a relacionarse con personas muy interesantes y aunque al principio se sentía un poco inseguro entre los amigos de ella, hacía grandes esfuerzos para complacerle. Incluso leyó una vez un libro que había publicado un compañero de Lucía, sólo para poder participar en las conversaciones que ellos dos mantenían delante de él. No quería avergonzar a Lucía con su ignorancia. 

Encontró un trabajo en una pequeña asociación que ayudaba a hombres maltratados y disfrutaba mucho con su trabajo. Una vez llegaron a proponerle participar en un curso de formación en Madrid durante tres semanas, pero le coincidió con el examen de la oposición de Lucía y él no quería dejarla sola en un momento tan crucial para su carrera profesional. 

Lucía por su parte no le ponía ninguna traba al desarrollo profesional de Antonio, al contrario, le animaba a que se siguiera formando y le ponía en contacto con personas que podían ayudarle. Él se lo agradecía mucho y gracias a ella llegó a ocupar un puesto de cierta importancia en la Escuela de Salud Pública. Aunque al principio le costó deshacerse de la imagen de ser el típico chico que está enchufado gracias a sus dotes no tanto intelectuales como físicas, superó ese reto y mostró su valía profesional. Pero tal como lo cuenta él, le costó sus lágrimas en el servicio cuando nadie le veía. Eran lágrimas de impotencia porque no conseguía que le prestaran atención cuando quería hablar en las reuniones de trabajo. Pero finalmente se ganó el respeto de sus compañeras y empezó a sentirse orgulloso de sus logros profesionales.

Pero llegó la pregunta que todos los hombres se tienen que plantear en algún momento: “¿Qué es más importante, mi éxito profesional o la felicidad y la vida familiar junto a mi pareja?”. La pregunta llegó a través de su jefe cuando este le ofreció un puesto de coordinador en un proyecto de cooperación que le obligaba a vivir durante dos años en un país de Centro América. Lucía no le presionó en ningún momento, pero estaba claro que ella no iba a dejar su trabajo en la universidad y que tampoco lo iba a esperar durante dos años. Podía ocurrir que se enamorara de otro y Antonio lo habría comprendido, ya que de alguna manera la aceptación de ese puesto de trabajo significaba abandonarla a ella. Ante la posibilidad de perderla, la toma de una decisión no le costó ningún trabajo: su vida estaba junto a ella.

Rechazó la oferta y le propuso a Lucía comprar una casa en los alrededores y formar una familia. Al principio, Lucía no estaba muy contenta con esa idea, ya que a ella le gustaba la vida en la ciudad, salir por las noches con sus amigas, montar alguna que otra fiesta en casa, la libertad de entrar y salir cuando quería..., cosas que eran incompatibles con formar una familia. De hecho, sus amigas le desaconsejaban meterse en una hipoteca y encerrarse en un pueblo y le reprochaban a Antonio que se aprovechase de su poder sobre ella para convertirla  en una aburrida cabeza de familia. Pero ganó Antonio.

La casa se compró y llegaron dos preciosos niños que, tal como dice Antonio, fueron la alegría de su vida durante muchos años. Disfrutó mucho con ver a sus hijos crecer felices y no le costó ningún trabajo renunciar a su sueño ya que entendió que su lugar en el mundo estaba al lado de sus hijos. 

Pero Lucía no parecía tan feliz y empezaba a llegar cada vez más tarde de su trabajo. Antonio empezaba a sospechar que tenía algún amante, quizás un alumno suyo –siempre le habían gustado los muchachos jóvenes- pero lo achacaba a que estaba entrando en la crisis de los cuarenta y que necesitaba demostrarse a sí misma que todavía era atractiva para el sexo opuesto. Hacía la vista gorda y se apuntó a un gimnasio para perder los kilos que había cogido de más desde que se había hecho cargo de los niños. Algunas veces no podía controlar el llanto cuando se quedaba esperándola por las noches, se miraba al espejo y se veía cansado y agotado. Esa fue la época en la que empezaba a tener extrañas erupciones en la piel, pero como no podían determinar la causa, los médicos decían que era una enfermedad psicosomática y le mandaban tranquilizantes. Cuando quería hablar con Lucía sobre los problemas que estaban teniendo, ella le contestaba que no había ningún problema y que por favor no se pusiera histérico. 

Como se sentía cada vez más cansado de llevar el peso de su trabajo y la educación de sus hijos al mismo tiempo, optó por un puesto a media jornada, aunque eso le suponía un estancamiento en su carrera profesional.

Cuando el niño tenía 15 y la niña 13, Lucía le pidió el divorcio. Se había enamorado de otro más joven. Argumentaba que su relación se había ido apagando y que para qué iban a seguir alimentando un cadáver. 

Desde entonces, Antonio crió a los niños solo y más de una vez me mostró con orgullo las orlas de los dos y yo le decía que podía sentirse muy satisfecho de lo que había conseguido en la vida. Para él, realmente, los dos eran lo más importante en su vida y desde que se fueron de casa no pasa un día que no esté pendiente de sus llamadas. Cuando yo le pregunté una vez cómo conseguía estar tan conforme, a pesar de no haber conseguido ninguno de sus sueños, me miró muy sorprendido. Tengo dos hijos que me quieren, contestó, ¿qué más se le puede pedir a la vida?

❤ ❤ ❤ ❤


Nada como cambiar los papeles (en este caso, una "a" por una "o") para evidenciar que NO somos todavía equivalentes, que la sociedad NO nos trata del mismo modo y que SÍ es realmente necesario seguir luchando para terminar con todos esos convencionalismos patriarcales que han hecho sacrificar sus sueños a tantas mujeres, las verdaderas Antonias. Por eso, por ellas, tenemos que recordar que mientras haya una sola mujer en el mundo discriminada por su sexo...

http://blogs.deia.com/xsermujer/2015/03/02/8-de-marzo-una-violacion-cada-7-horas/

Por cierto, esta joya de relato no es obra mía. Y, de hecho, no sé de quién es. Llegó a mis manos hace mucho tiempo en forma de manuscrito y desde entonces lo uso regularmente en mis clases porque me parece un recurso extraordinario con el que meditar respecto a los prejuicios vinculados al género que vivimos cada día sin darnos cuenta. Así que, si algún día el autor o autora me lee, sinceramente, GRACIAS y ENHORABUENA.

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20 COMENTARIOS

  1. No me extraña que la uses en tus clases, da que pensar.
    Un besazo y feliz día de la mujer trabadora

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  2. Una lección de vida y de amor! Sin duda! Ningún amor es más incondicional que el que tenemos hacia los hijos!
    Una de las madres de nosotras decía siempre "no sabrás lo que es amar hasta que tengas un hijo" y le damos la razón!
    Feliz domingo

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  3. Está muy bien el texto, la verdad, aunque se podría publicar también un 15 de noviembre, por ejemplo. A mí es que lo del día de la mujer no me termina de cuadrar. Un besote!!!!

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    1. ¿Ah, no? ¿Y eso? A ver, yo creo que TODOS los días son una lucha constante por reivindicar nuestros derechos, pero no está de más que durante uno en especial se recuerde a nivel internacional que sigue existiendo discriminación respecto al género.

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  4. Estoy de acuerdo con el comentario anterior, no entiendo cómo podemos pedir igualdad cuando hay un día de la mujer... ¿Acaso hay un día del hombre? No hacen falta días de nada, lo que es necesario es recordar que todos tenemos los mismos derechos! El texto muy bien escrito pero ya te digo que aunque comparto el mensaje (efectivamente aún no hay igualdad), no comparto el día de la mujer.

    Feliz día!

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    1. Pues creo que es porque lo entendemos de distina manera; tú lo ves como un día de felicitar a las mujeres simplemente por serlo, yo lo veo como un recordatorio reivindicativo para que todxs exijamos equivalencia.

      Es como el día internacional del Sida, por ejemplo: no es que se celebre que existe la enfermedad, simplemente, es un fecha que nos recuerda que esa enfermedad está ahí, y tenemos que poner más medios para evitarla/curarla.

      ¿Por qué no hay un día del hombre? Pues porque esto no es como un cumpleaños, ni una fiesta, ni nada parecido, y por suerte o por desgracia, vivimos en una sociedad patriarcal en la que no es necesario reivindicar los derechos de los hombres porque, en general, estos ya los tienen ;)

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  5. pero a que molaría mas si hubiese caído en Lunes? ;p

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  6. Los hijos son un tesoro, es un amor inigualable y desde luego no se cambian por nada pero creo que las mujeres en general seguimos muy acostumbradas a ceder como dice el relato que cambia la "a" por la "o".
    Feliz día!!

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    1. Pues sí, hija, en este caso casi siempre somos las mujeres las que tenemos que ceder...

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  7. Hay desigualdad, muchísima, y no sé si será por mi caracter pesimista o realista pero veo que alcanzar esa imparcialidad es una utopía. Sobre todo porque miro a mi alrededor y veo que socialmente estamos retrocediendo, y veo chicas que participan gustosamente de ello...cada vez son más. No puedo verlo porque sufro bastante con estas cosas, y siempre que sale este tema u otro que tenga semejanzas a este, insistiré, lo matendré siempre: la educación y la cultura es la base fundamental para que progresemos como sociedad. Con esta forma hipócrita y generalizada no vamos a ningún lado.

    Desde el principio del relato he sentido ese desajuste, algo que me chirriaba y lo único que puedo decir es que esa es la señal de que algo está instalado permanentemente en nuestras cabezas. Jo, ¡qué triste!

    Muy buena entrada. Besos; Ro.

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    1. Pues yo sí soy optimista. Es cierto que veo una especie de "neomachismo" desarrollándose en muchxs jóvenes, pero creo que poco a poco si que vamos cambiando el chip en muchos aspectos. Al menos, nos planteamos cosas y hablamos de ello, que ya es algo, ¿no?

      ¡Gracias Ro!

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  8. Jopé, me encantaría haber asistido a tus clases cuando era más pipiola!

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    1. Pues seguro que a mí me habría encantado tener a una alumna como tú :)

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    2. Por cierto, estaba yo en la terraza tendiendo la ropa y me he empezado a hacer una parra mental. Si Antonio empezó la universidad en el 2000 y con Lucía se fué a vivir al terminar la carrera, pero hoy en día su hija mayor tiene ya 15 años... que ha pasado aquí? No me cuadra!! A caso Antonio tiene un DeLorean como el de la película y ha regresado del futuro?? jajajaja En fin, fuera coñas.. será verdad que la historia tiene pellizcos de otras muchas historias, y me ha gustado mucho que nos la hayas hecho llegar! Feliz semana Marta! :D

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    3. Jajajajajajajajaja ¡en clase siempre hay algún monstuito que también hace los cálculos y me pregunta! Ahí es cuando suelo explicarles que es un relato, no una historia real de ningún vecino mío y tal ;)

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  9. Da que pensar....sigamos luchando sea cual sea el dia!!! Y hoy(bueno ayer) hacerlo notar más! Feliz dia!!
    Algún dia tal vez sepamos que es eso de ser madres...jeje
    Besos

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    1. Está claro que esto no es sólo cosa de una día, qué le vamos a hacer...

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  10. Creo que, aunque hay más Antonias que Antonios, algún Antonio hay por ahí... y yo tengo la suerte de conocerlos, jeje!
    Yo, al igual que otras personas que comentan, no creo mucho en el día de la Mujer... pero me ha encantado el relato y la reflexión que se puede extraer de él.
    Besos!

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  11. plas, plas, plas...según lo iba leyendo me iba dando que pensar...Todavía queda mucho por hacer...y las madres tenemos un papel fundamental´...

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