Cosas que le diría a mi yo de 22 años

Esta semana han llegado a mi instituto tres chicos para hacer prácticas como profes. Andan todo...

Esta semana han llegado a mi instituto tres chicos para hacer prácticas como profes. Andan todo el día detrás de nosotros, bombardeándonos con cientos de preguntas y ansiosos por entrar en nuestras clases. Por eso he estado planteándome qué recomendaciones podrían resultarle útiles a quienes, como ellos, estén a punto de emprender la aventura de enseñar.

Después de 12 años dedicada a la enseñanza, soy consciente de muchas cosas que no sabía con 22 añitos, cuando empecé a trabajar como profesora, y me habría gustado que alguien me dijera (el único consejo que me dieron la primera vez que entré en un aula fue "quítate esa cara de buena y que no huelan el miedo"). Son estas:


- Sé coherente. Te guste o no, en cuanto cruces el umbral del aula te convertirás en un modelo de conducta para tus alumnos, así que observarán tu comportamiento y lo interpretarán como el recomendable. Por eso tienes que asumir tu rol y ser coherente con él, predicar con el ejemplo y nunca contradecirte a ti misma ni a los principios que les quieras transmitir.

- Sé estricta. Los adolescentes necesitan límites y establecerlos no impide tener con ellos una relación cercana, al contrario, pues si los tienen claros y saben a qué atenerse, el día a día fluye con más armonía. Eso sí, ten en cuenta que es preferible implantar pocas normas pero asegurarte de que se cumplan que hacer una lista interminable de pautas sobre cómo comportarse en clase y las consecuencias al no acatarla si luego vas a hacer la vista gorda.

- La letra, con juego entra. Cuando empieces una explicación, cuéntales una anécdota personal, un cuento o un chiste que esté relacionado con el contenido, ponles un fragmento de alguna película o canción que conozcan o idea alguna dinámica o juego. El aprendizaje puede y, siempre que sea posible, debe ser divertido y significativo. Quizás tengas que invertir un poco más de tiempo, pero sin lugar a dudas valdrá la pena porque difícilmente olvidarán aquello que logren deducir a partir de la experiencia, la práctica o una enseñanza vinculada con el mundo real.

- No te dejes avasallar por el informe PISA, ese apabullante índice de contenidos del libro de texto ni las estadísticas: tu principal labor no es preparar a los mejores del mundo, sino a los mejores para el mundo. Enséñales todo lo que puedas, pero ten en cuenta que lo más importante es conseguir removerles cosas por dentro, contagiarles el optimismo y las ganas de hacer, de cambiar todo aquello que no les guste de su entorno, de explorar y descubrir, de crear. Tal como decía María Montessori, "la primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle".


- Innova, mantente al día en lo que respecta a las nuevas corrientes pedagógicas y usa en clase las nuevas tecnologías... ¡Pero sin perder el norte! Para aprender a aprender, desarrollar la comprensión lectora y el espíritu crítico es imprescindible manejar recursos tradicionales como resumir y memorizar.

- Repite sin repetir. Los jóvenes necesitan hacer muchos ejercicios prácticos de cada contenido para interiorizarlos de verdad (que ni se te ocurra conformarte con las dos actividades que vienen en el libro), e incluso volver a hacer referencia a estos mucho después de haber terminado el tema. Eso sí, intenta repetir sin repetir para que no se aburran: dale la vuelta al contenido y retómalo desde otra perspectiva.

- Aléjate de los compañeros y superiores de espíritu gris. En esta profesión, como en todas, hay personas pesimistas y poco constructivas que, en ocasiones, intentarán chuparte la energía, contagiarte la apatía y echar por tierra tu trabajo. ¡Ni caso!

- Disfrázate, haz el payaso, usa los recursos de la interpretación. Enseñar es actuar, pero sin dejar de ser tú misma. En cierto sentido tendrás que comportarte como una actriz, y dejar tus preocupaciones y vergüenzas en la puerta del aula. Cuida tu expresión corporal, tu voz, tu forma de mirarlos cuando explicas... Si controlas estos recursos, tu manera de comunicar mejorará considerablemente y, por ende, les llegarás más.

- Comparte, pregunta, colabora. Vas a conocer a muchos compañeros trabajadores, con ideas geniales que funcionan muy bien en clase y más experiencia que tú. Idea proyectos con ellos, comparte tus aspiraciones y, si tienes dudas, pregúntales. Pocas cosas enriquecen tanto como trabajar codo con codo con alguien que tiene los mismos intereses que tú, aunque los aborde con un enfoque distinto.

- Nunca dejes de aprender. De ahora en adelante vas a ir envejeciendo, pero tus alumnos no: ellos siempre serán adolescentes. Por eso tienes que esforzarte por mantener tu cerebro activo: ir al cine, apuntarte a clases de pilates, hacer cursos para profesores, aprender a usar el photoshop, escribir un blog (xD)... Cada cosa que aprendas te ayudará a conectar con lo que se cuece ahí fuera y, por lo tanto, te permitirá entender mejor a tus monstruitos y rejuvenecer tu mente. Y aunque al principio quizás parezca que no tienen ninguna relación con tu práctica docente, a menudo podrás usar de alguna manera esos nuevos conocimientos en tu día a día, convirtiéndote en una profesora mejor.

- Planifica. Piensa bien a qué vas a dedicar cada sesión, así podrás enfrentarte a cualquier situación. Es más, idea varias actividades distintas, para tener un plan ¨"b" si al "a" no funciona, porque cada grupo es un mundo y cada día una aventura, pero si llevas los deberes hechos previamente te sentirás más segura pase lo que pase.

Fotografía: Marta de Beauvoir para Canela y Naranja | Todos los derechos reservados

- Hay un cuento tradicional sobre Caín y Abel en el que se narra lo que ocurre cuando ambos se asoman a un lago. Caín lo hace asustado, de manera desafiante, y se ve reflejado sin saber que es él mismo, por eso se aleja enfadado, pensando que las criaturas que lo habitan son violentas y desagradables. Abel, por el contrario, al verse reflejado sonríe y observa que la criatura del lago hace lo mismo, por lo que se marcha con la idea de que sus habitantes son amables y pacíficos. La moraleja que nos transmite este relato es que recibimos lo que damos. Algunos lo llaman karma, aunque yo creo que no se trata de una cuestión espiritual: simplemente, nuestra energía hace que los demás se comporten con nosotros de una u otra manera. Si entras en clase enfadada, pensando, "puff, otra vez 3º B, con lo petardos que son, menuda horita que me van a dar", probablemente actúen tal como temes. O sea, que aquella antigua compañera que me recomendó lo de "que no huelan el miedo" estaba bastante bien encaminada porque los monstruitos captan mucho mejor de lo que creemos nuestro estado de ánimo, y reaccionan en función de este. Si estás nerviosa, probablemente les contagiarás el nerviosismo, mientras que si estás serena y concentrada, ellos estarán predispuestos a aprender, así que intenta mantener siempre la calma.

- Conoce a tus alumnos, escúchalos y empatiza con ellos. Si no conectas con los estudiantes, si no intentas comprenderlos, difícilmente conseguirás enseñarles nada. Míralos a los ojos cuando te hablen, felicítalos cuando hagan bien las cosas, sonríeles.

- Ten en cuenta que algunos días serán difíciles. Te cruzarás con alumnos con muchos problemas a los que no podrás ayudar. Otros simplemente no querrán aprender y, por mucho que te esfuerces, quizás no seas capaz de despertar en ellos la chispa de la curiosidad. Te enfrentarás a horas y horas de tareas burocráticas que no sirven para nada y te impedirán dedicar tu tiempo a lo realmente importante. A menudo tendrás que asumir el rechazo de la sociedad y la poca valoración por parte de los políticos, que te culparán siempre que las cifras nos les cuadren pero nunca te preguntarán cómo se podrían mejorar las cosas. Esos días, recuerda que tienes el trabajo más hermoso que existe, que por tus manos van a pasar los futuros médicos, bomberos, presidentes del gobierno, científicos, artistas..., así que puedes aportar tu granito de arena para construir un mundo mejor. Si aun recordando esto no te emociona tu trabajo, si no logras sintonizarte con tus alumnos y transmitirles tu materia con emoción, si temes el momento de ir a clase, quizás debas plantearte buscar otro oficio, porque no todo el mundo sirve para ser profesor y porque este trabajo no es sencillo, así que tiene que apasionarte.

¿Quién fue tu mejor profesor? ¿Qué era lo que le hacía especial? ¡Me encantaría saber! 

PD: Para ser un buen profesor hay que ser feliz, así que quizás quieras conocer mi receta de la felicidad.

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16 COMENTARIOS

  1. Me encanta tu reflexión. Y creo que estoy de acuerdo con todo lo que dices y con tu forma de ver la educación.

    Besos.

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    1. A mí me pasa lo mismo cuando te leo, Rosana. Sospecho que tenemos muchas cosas en común ;)

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  2. Tienes que ser una profe alucinante Marta.
    Comparto 100% tu enfoque y creo que realmente amas tu profesion cosa que desgraciadamente no es aplicable a todos los profesores.
    Mis mejores profesores y los mejores profesores de mis hijas comparten muchos de estos rasgos que has enumerado: amar a la docencia, son disciplinados pero cariñosos, les dan libertad de aprendizaje, son coherentes y amenos y no tratan a los niños como informes sino que los acompañan haciendolos protagonistas de su propio aprendizaje. ;)
    Feliz finde.
    Besitos

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    1. Ay, muchas gracias Isabel. No sé cómo me verán mis alumnos, pero desde luego sí que amo mi profesión.

      Un besete.

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  3. Me encantan tus reflexiones!!! Ojalá todos los profes estuvieran igual de motivados porque, como dices, hay algunos a los que se les nota que están haciendo las cosas sin ganas. Yo recuerdo a un profesor de Prensa que me dio toda la caña que se le puede dar a una persona y un poco más pero aprendí tanto de él y me hizo sacar tanto de mí misma que no lo olvidaré en la vida. Un besote!!!!

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    1. Pues sï, por desgracia hay más de un profe por ahí cansado de la vida, es una lástima, ¿verdad?

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  4. Marta, me hubiera encantado tener más profesores como tú. El mejor profesor que tuve en mi vida cumplía con muchos de los puntos que describes, otros no tengo manera de saberlo. Era inteligente, educado con nosotros, nos imponía disciplina y nunca nos avergonzaba delante de los demás si no sabíamos la respuesta. Nos trataba como personas jóvenes, que es lo que éramos, no como "el enemigo". Me hizo adorar la física (sí, ¡a mí!) con su entusiasmo por la materia, sus ganas de enseñar y sus ganas de hacernos aprender. Ánimo, y en esos días duros recuerda que algún día tus alumnos escribirán estas cosas sobre ti :)

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    1. Fíjate, a mí me pasó todo lo contrario: mi profe de física era un petardo total. Pero bueno, gracias a él sé lo que no hay que hacer xD

      Un abrazo guapi.

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  5. Qué gusto tener una profe como tu!!! Si le das estos consejos a los futuros profes y los siguen (como hiciste tu años atrás) seguro que triunfan.
    Yo tuve de todo. Habían profes que se sentaban y decir :abrid el libro por tal página leedlo y si no entendeis algo me preguntais...increible!!!
    Otros te explicaban el temario (filosofia por ejemplo) de una manera agradable,a su manera y todos estabamos escuchándolo con ganas.
    También teniamos los profes guays que eran como amigos,y además enseñaban. Cuando dejé de estudiar seguía carteandome con ellos...la verdad es que no sé porqué se terminó de repente...supongo que la vida y el trajín en si. Qué pena!
    Sigue asi Marta !!! Seguro que eres una profe que muchos envidian .
    Buen finde! Besos

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    1. ¡Ay, muchas gracias tesoro! Me encantaría poder verte de estudiante, seguro que eras súper maja.

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  6. Los profesores son unos santos. Hay de todo, pero la figura del profesor debería estar mucho más protegida. Tenéis el cielo ganado.

    Y digo yo, era necesaria la foto de la estantería??????? O es que a la mínima, aprovechamos para enseñarla y crear envidias y necesidades ajenas????? ;)

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    1. ¡Jajajajajajaja! ¡Te prometo que no era la intención! Es que quería ilustrar lo de planificar (trabajar previamente en casa) y como no tenía tiempo para ponerme a hacer fotos tiré de archivo ;)

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  7. Me encantaría verte dando clases

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    1. Pienso lo mismo y ya llevo 18 años en la enseñanza. Igualmente enamorada de lo que los alumnos me aportan y de lo hermoso de nuestra profesión. Cambiarán las leyes, los aburridos temarios que no se adaptan a la realidad del aula pero lo que nunca va a cambiar es la hermosa sensación de que toque el timbre y un alumno pregunte sorprendido: ¿¿YA??

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  8. Vaya, me acabo de dar cuenta que no tuve ningún profesor como "el mejor". Maestros y profesores que enseñaban, unos mejor que otros, y otros muy malos. La que mejor sabor de boca tengo es la que tuve de historia del arte, más que nada porque descubrí un mundo apasionante que apenas conocía pero creo que con otra profesora también me hubiese valido jejeje.

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