Sobre la señora Canela (o Marta): soy chata de nariz, rasgada de ojos, corta de estatura, ancha de caderas, canela de tez, afortunada en amores, imposible de cálculos, confusa de palabras, tierna de manos, aficionada a los DIY, inoxidable de corazón, torpe de instituciones, gaditana a perpetuidad, muda para enemigos, mal educada en casa, correcta en los salones, audaz en la soledad, arrepentida sin objeto, horrenda administradora, viajera de espíritu, inspirada en nubarrones, investigadora en mercadillos, decoradora por vocación, melancólica en las tardes de lluvia, lentísima de contestaciones, ocurrente años después, monumental de apetito, tigre para dormir, educadora de profesión, ordenada cuando me apetece, persistente, valiente por necesidad, cobarde sin pecado, soñolienta y soñadora, hospitalaria de amigos, activa por padecimiento, lectora inagotable y, a menudo, tonta de capirote*. [Más sobre la sra. Canela: 50 cosas sobre mí | 12 cosas rarunas sobre mí | Me gusta/no me gusta | Si fuera]


Sobre el blog: Canela y Naranja es un blog personal que iba a centrarse en la decoración de casas reales, con problemas cotidianos y soluciones “low cost”, pero ha acabado convirtiéndose en un batiburrillo de DIY, recetas, viajes, libros y otras cuantas de estas pequeñas grandes cosas del día a día que me hacen feliz (+).

De ahí la elección de un nombre polisémico: "canela y naranja" como los aromas de mi hogar que, al mismo tiempo, me evocan lugares exóticos y lejanos; "canela y naranja" como los colores de las obras que os muestro o las paletas elegidas para decorar interiores acogedores; "canela y naranja" como los sabores de la cocina casera tradicional, sencilla y sabrosa...

Respecto a cómo surge, tal como he contado alguna vez me independicé siendo muy jovencita (+), de manera que no tomé las mejores decisiones. Por ejemplo, me dejé llevar por el romanticismo en lugar de la funcionalidad y opté por una vivienda del siglo XVIII que apenas se mantenía en pie, eso sí, con suelos hidráulicos y vigas de madera (+).

Así fue como me vi obligada a aprender a hacer un poco de todo: sanear una pared, instalar una lámpara, quitar un techo de escayola, darle una nueva vida a los muebles que encontraba tirados… Y de este modo, con muchas horas de trabajo, pocos recursos y toneladas de ilusión, ese desastre casi en ruinas fue convirtiéndose poco a poco en un hogar, que en la actualidad comparto con mis dos chicos preferidos: mi pareja, alias "el Principito" (+) y mi bichillo, Joe Cocker (+).

La única habitación en la que no sabía ni por dónde empezar era el baño: diminuto, mal distribuido y feo con ganas. Por eso empezó a interesarme el mundo de las webs y revistas de decoración (+). Durante una temporada me dediqué a buscar soluciones para baños pequeños, pero cada vez que encontraba un artículo sobre este tema, al echar un vistazo, acababa topándome con baños perfectos, vamos, "de revista".

Finalmente llegué a la conclusion de que las revistas y webs de decoración sólo enseñan casas ideales, por lo que allí no iba a hallar ninguna orientación útil para maximizar el espacio en mi minúsculo baño de 2 metros cuadrados. Por eso tuve que hacer una reforma (+) dando palos de ciego, sin saber muy bien cómo iba a resultar aquello…

Un poco después, cuando el Principito le enseñaba los cambios a nuestro vecino y oí a este decirle “oye, tu mujer debería escribir en una web o algo”, se me encendió la bombillita. Fue la chispa que me faltaba, pues poco después se me ocurrió crear un blog de decoración en el aparecieran casas reales, hogares vividos, con los problemas y limitaciones que casi todxs tenemos y soluciones realistas adaptadas a bolsillos ajustados. Y así nació este espacio virtual que se ha convertido en una parte fundamental de mí misma y me encantaría compartir contigo. ¡Bienvenidx!

* Con la venia del maestro Neruda.

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